A propósito de “Cooperando de veras con la verdad” de D. Rafael Ortiz 

Me duele escribir este artículo. En primer lugar, por la amistad que me une a D. Rafael Ortiz desde hace muchos años, por la ayuda que siempre me ha brindado desinteresadamente (y por la que siempre le estaré agradecido), por la admiración que siento por él. Pero he leído su escrito aparecido en la revista “Cresol” sobre los cooperatores veritatis y, visto que nadie ha hecho una réplica pormenorizada (de haberlo hecho alguien, lo desconozco) sino, como mucho, unas breves anotaciones en la publicación web, me he decidido a escribir un comentario más extenso.
En primer lugar, el título. “Cooperando de veras con la verdad”. La primera en la frente. A nadie se le escapa que el añadido “de veras” presenta a quienes se autodefinen “cooperadores de la verdad” (expresión acuñada por San Juan1 y retomada por S. José de Calasanz) como personas que no actúan francamente. Esta suposición nada más leer el título se ve confirmada en el cuerpo del artículo. Veamos.
Al final del primer párrafo aparece un entrecomillado: “dejar obrar a Dios”, que se repite al final del tercero. Como es bien sabido, una expresión entre comillas puede significar tanto una cita literal, como cuestionar el contenido entrecomillado. Como no conozco la intención del autor podría pensar que simplemente cita, pero la desilusión llega cuando uno lee el final del susodicho tercer párrafo: “para que Dios obre hay que ‘andar en la verdad’ y no se anda en ella incurriendo en omisión”. Juzgar como pecado de omisión no salir al paso ni de las críticas ni de las voces que, al menos formalmente, les defendían me parece cuanto menos atrevido; puede uno no entenderlo, valorarlo negativamente, decir que sería mejor no actuar así, pero de ahí a juzgarlo como pecado de omisión… me parece excesivo.
En ese tercer párrafo (que da mucho de sí) hay más cosas que me llaman la atención: se habla de “determinados foros” sin aludir a ninguno, con lo que no se sabe si eran foros de los cooperadores o estrechamente vinculados a ellos, o bien de gente que va por libre y dice cualquier cosa que le parezca oportuno; es lo propio de la sociedad 2.0. Sin citar la fuente, no es posible saber si se les puede acusar de lo que aparece en los sitios o no. Y esto no es materia parva. De hecho, cuando se pregunta si el responsable u otros clérigos de la nueva congregación podían haber evitado lo que aparece en esos foros da a entender que, efectivamente, los cooperadores están detrás de lo publicado en Internet. No se puede entender de otro modo que el autor desee una censura previa que no se ha producido.
Otro entrecomillado en la palabra “escolapios” no puede dar pie a ninguna cita textual: es, literalmente, tacharlos de no ser auténticos cuando pertenecían de hecho y de derecho a la Orden; velada y desagradable acusación. Ser ahora cooperatores veritatis no debe hacer suponer que no eran verdaderos escolapios cuando formaban parte de la Orden.
Más adelante lanza una idea no refrendada por los hechos: “la doble pertenencia como religioso escolapio y miembro del Camino Neocatecumenal [expresión discutible, pues el Camino Neocatecumenal no es una orden o congregación de la que uno es ‘miembro’] a la larga se hace insostenible”. Sin ser un experto en el tema, y por lo que sé, hay padres escolapios que forman parte de una comunidad neocatecumenal y no han entrado a formar parte de la nueva congregación, y no parece que su situación sea insostenible.
En lo que comete un error de bulto es en la afirmación “la [obediencia] debida a la disciplina de su comunidad neocatecumenal”. Ahora se comprende mejor algunas frases confusas que leíamos al principio del escrito. D. Rafael cree que el Camino Neocatecumenal (CN en adelante) es una especie de Orden religiosa o congregación en la que hay votos de obediencia y en la que una jerarquía va dando órdenes que los demás se limitan a cumplir por fidelidad al voto. Sólo así se puede hablar de conflicto de obediencias, si son del mismo tipo: obediencia a la Orden, obediencia a la comunidad neocatecumenal. Por ello, sobra la cita de la exhortación Vita consecrata, pues cuando dice “conflicto entre las dos obediencias” da a entender que la exhortación se refiere a esta situación, lo que es rotundamente falso.
Me parece una calumnia afirmar que “es conocido el poco apego que el propio fundador [expresión inadecuada, pero es la lógica continuación de la idea que tiene de lo que cree que es el CN] del Camino Neocatecumenal muestra hacia dicho estatuto cuya existencia, por otra parte, le ha venido impuesto por la Santa Sede”. Dicho en román paladino, Kiko Argüello ha tragado cual jarabe de ricino unos estatutos impuestos por la máxima autoridad y que, de poder, habría evitado. No es el lugar para hacer una historia de los estatutos del CN, pero decir que Kiko tiene poco apego a los estatutos y que hace gala de ello, pues de no ser así no sería algo “conocido”, es, directamente, una calumnia.
Más adelante dice: “Aquellos religiosos escolapios que ejercían una doble pertenencia

[expresión inadecuada, pues no se ‘pertenece’ del mismo modo a la Orden y al CN], por estar insertos en el Camino Neocatecumenal, han realizado una relectura del carisma calasancio, desde su sensibilidad eclesial, presupuestos teológicos y dinámicas, vaciándolo de su genuino contenido carismático y rellenándolo con otro ajeno que, además, han intentado imponer como modelo de Escuela Pía que Dios quiere para hoy”. Desconoce el autor absolutamente qué es el CN; me gustaría saber qué es absolutamente propio del Camino en cuanto sensibilidad, presupuestos teológicos y dinámicas que no tenga nada que ver con el carisma calasancio y cómo han vaciado los actuales cooperadores ese carisma para rellenarlo de algo totalmente ajeno. ¿Pretenden hacer que los niños lleguen a un redescubrimiento del bautismo? ¿Realizan pasos propios de un catecumenado? ¿Se quiere formar con ellos una comunidad cristiana que arroje frutos del Espíritu en esta generación? No sigo. Para tomar en serio todo esto, debería el autor explicarse mucho más. Son afirmaciones generales vacías de significado.
Comentando el comunicado general de la nueva congregación, hace una interpretación sesgada, dando por hecho que al hablar de 40 años (cifra inexacta, cierto, pero de hondo significado bíblico) se está refiriendo al Camino Neocatecumenal y no al Concilio Vaticano II, cuando nada de eso aparece en el texto de los cooperadores. Tampoco el CN tiene exactamente 40 años, ni siquiera su presencia en Valencia. Es posible que me equivoque yo, no soy exégeta oficial del comunicado general, pero a mi entender han querido subrayar con ese dato que esta nueva realidad se lleva gestando durante mucho tiempo, más que un críptico significado sólo comprensible para iniciados. En cualquier caso, esa interpretación del comunicado, que pasa por ser uno de los puntos fuertes de su argumentación es peligrosa, puesto que no deja de ser un juicio de intenciones de los autores del comunicado que no se traduce claramente en el texto. ¿Ha influido el CN en la aparición de la nueva congregación? Sí, así lo afirma el P. Carbó. ¿Es la única fuente de influencia? No, así lo afirma el P. Carbó. ¿Debemos creerle cuando dice lo primero y dudar de él cuando dice lo segundo? ¿Por qué?
Le sigue una breve reseña histórica sobre los NME con un razonamiento un tanto sorprendente cuya conclusión es: “que el Concilio haya hecho posible la existencia de un determinado movimiento no es garantía de su total sintonía con él”. Afirmación, in abstracto, cierta, pero que pasa a ser falsa en cuanto el artículo no es una reflexión teológica sobre los NME en general, sino sobre uno en particular. Parece ignorar lo que Juan Pablo II afirma al comienzo de la carta Ogniqualvolta (30-08-90)2 en la que reconoce al CN como “un itinerario de formación católica, válida para la sociedad y para los tiempos de hoy”: “Siempre que el Espíritu hace germinar en la Iglesia impulsos de una mayor fidelidad al evangelio, florecen nuevos carismas que manifiestan tal realidad y nuevas instituciones que la ponen en práctica. Así ha sucedido después del concilio de Trento y después del concilio Vaticano II.” ¿Es suficiente garantía esta afirmación del beato Juan Pablo II?
Es irónico que critique a la nueva congregación por incurrir “en la falacia de la pendiente resbaladiza”, porque es exactamente el tobogán por el cae D. Rafael: “posición poco prudente” es hacer unas deducciones que sólo son futo de sus propios silogismos. Gran parte de lo que viene a continuación se fundamenta en los errores cometidos anteriormente, así que… es difícil que puedan ser correctas sus conclusiones. Por no decir que me parece algo presuntuoso erigirse en intérprete del “verdadero aggiornamento conciliar”. Él, o yo, o el lector, puede tener valoraciones, puntos de vista, etc. sobre lo que podemos entender como más adecuado para la Iglesia de hoy, pero (al menos yo) no soy capaz de decir lo que es exactamente el verdadero aggiornamento.
El párrafo siguiente me deja boquiabierto: ¿Iesu Communio es el resultado de la escisión de las Clarisas de Burgos por la estrecha y prolongada relación con el Camino Neocatecumenal? Parece que no conoce en absoluto la historia personal de Sor Verónica, ni el nacimiento de este instituto. ¿Iesu Communio reproduce la sensibilidad eclesial, presupuestos teológicos y dinámicas del CN, habiendo vaciado previamente a las Clarisas de su carisma originario? No esperaba esta falta de rigor: si uno quiere hacer una valoración global sobre situaciones complejas debería previamente informarse muy bien, más aún cuando esa valoración es crítica con las decisiones tomadas por la autoridad eclesiástica competente.
Si no fuera porque lo tengo ante mis ojos, no podría creerlo: acusar al CN de tendencia al protestantismo suena a broma de mal gusto, por no decir que explicar el significado de la Dei Verbum es tener en poca consideración a los lectores del artículo. Si desconocen esa enseñanza básica, ¿serán capaces de comprender todo lo que estaban leyendo antes?
¿No es insultante afirmar que “quienes acceden a una institución religiosa desde el Camino Neocatecumenal, o perteneciendo a ella se han vinculado a él, terminan por no ser capaces de valorar e incorporar a sus vidas el acerbo de tradición…”? ¿Así, sin más, tajantemente, todos? No sólo eso, hay previsiones de futuro: “tarde o temprano, tampoco sean capaces de reconocer como suya la rica tradición de la Iglesia y, por ende de su magisterio”. ¿Es este artículo una primera batalla de una guerra preventiva contra quienes amenazan ser los destructores de la Tradición y el Magisterio? El remate del párrafo es antológico: “Quienes pertenecen al Camino Neocatecumenal parecen necesitar de una iglesia hecha a su medida, con congregaciones religiosas propias, seminarios propios y comunidades parroquiales propias, donde la unidad en la pluralidad de la genuina Iglesia queda cuanto menos desdibujada, si no abolida”. Si D. Rafael se queda perplejo por el respaldo que la Santa Sede hace a una secta (esa es exactamente la definición que se desprende de la frase citada), no menos asombrado me quedo yo al leer este pasaje.
La expresión entrecomillada “después del Papa, Kiko Argüello”, ¿es cita textual? ¿De quién? ¿Reproduce su antojo, tal como dice antes? ¿Alguien lo dijo en la “manifestación” [sic, por “encuentro vocacional” tras la JMJ 2011 en Madrid]?
Creo que debo ir concluyendo. Este comentario está siendo mucho más largo de lo que hubiera deseado. Aunque parezca mentira, me dejo cosas por decir. Y puesto que los árboles quizá nos impidan ver el bosque, los comentarios al por menor podrían hacer perder la perspectiva del conjunto.    Y mi lectura del artículo se puede resumir en los siguientes puntos:
Demasiado pretencioso, por el abuso de la palabra “verdadero” y derivados atribuidos a sus propios puntos de vista.
Demasiado incorrecto, pues hay imprecisiones o errores que creo haber señalado.
Demasiado atrevido y poco caritativo, por hacer juicios de intenciones que son imposibles de demostrar. Son excesivas las ocasiones en que imagina lo que hay en la mente o intención de los demás.
Demasiado poco eclesial, puesto que hace públicas unas acusaciones a la nueva congregación y al CN (sin olvidarse de Iesu Communio) después que la autoridad eclesiástica se haya pronunciado sobre ellas.
¿Ha querido desahogarse? ¿Quiere que la autoridad eclesiástica rectifique? No lo sé. No hago juicio de intenciones. Por lo que le conozco, mi primer pensamiento es que lo hace movido por la conciencia, queriendo hacer un bien y no tengo por qué cambiar ese pensamiento, pero dudo que el resultado sea positivo.
No hago ninguna valoración sobre la existencia de la nueva congregación, el tiempo lo dirá.  Mutatis mutandis, repetiría el consejo de Gamaliel: Os digo, pues, ahora: “desentendeos de estos hombres y dejadlos. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá; pero si es de Dios, no conseguiréis destruirles. No sea que os encontréis luchando contra Dios.” (cfr. Hch 5,38s).
Sólo puedo firmar con mi nombre y apellidos. Mis hijos no estudian en las escuelas pías, no represento a nadie, nadie me ha dicho nada ni me ha animado a escribir esto. Para cualquier observación, contrarréplica o lo que estime oportuno:

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Comentarios 

 
0 #5 PazyBien 22-02-2012 11:42
Para Fafnir:
Podías haber contestado: "no se han quedado ningún colegio". Hubieras contestado a correctamente a la pregunta de "un interesado". Pero.,.. no. Dices: que "han salido con una mano delante y una detrás". Eso es un falso testimonio, que los propios Cooperadadores deberían de desmentir, por honestidad.
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0 #4 fafnir 21-02-2012 20:20
para un interesado
Los Cooperadores han salido de la Escuela Pía con una mano delante y otra detrás...
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0 #3 ún interesado 30-01-2012 09:56
He leído este artículo, como leí el de Rafael Ortiz, por la amistad que me une con éste y por interés en los movimientos eclesiales. Muchos datos, quizá demasiados, veo en éste, el dato que no me queda claro es si la nueva congregación nacida de los religiosos, antes escolapios y casualmente vinculados al camino neocatecumenal, se ha quedado con los colegios fundados y gestionados por los escolapios hasta entonces o no, de ser así me parece que muchas otras informaciones son secundarias. Agradezco el documento publicado en Paraula, en el que queda claro que la vocación del camino neocatecumenal es llevar a sus comunidades a poder un día participar como tales de las celebraciones parroquiales normales, no conozco aún ninguna (conozco poco la verdad) que lo haya hecho aún, si alguien puede informarme si hay alguna que ha alcanzado este grado de madurez deseable y que debe busca, por tanto, como comunidad neocatecumenal lo agradecería.
Un saludo.
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0 #2 sara 29-01-2012 21:03
ahí estamos!! habramos las puertas a los neocatecumenale s, que yo me piro!!!!
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0 #1 sara 29-01-2012 21:01
Viva Valencia!!!!!!! !!
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