“mostrar la complejidad de los problemas”
Con motivo del próximo Sínodo de Obispos en 2012, el Centro Arrupe de Valencia está ofreciendo un excelente ciclo de conferencias en el que se pretende saber leer y descifrar los nuevos escenarios para habitarlos y transformarlos en lugares de testimonio y de anuncio del Evangelio. El martes 8 noviembre de 2011 a las 19’30 h impartió una ponencia el Pr. D. Ángel Cordovilla, de la Universidad Pontificia Comillas, sobre el escenario de la cultura. Su publicación es abundante, y su creación teológica de reconocido prestigio. En una entrevista como la que sigue no es posible hacer una presentación general de su obra. Sencillamente, hemos intentado esbozar algunas preguntas para llamar la atención de nuestros lectores sobre este singular teólogo. Merecen la pena sus perspectivas. Estamos ante un teólogo que trabaja con los jesuitas, sacerdote diocesano de Salamanca, español, de obra seria y con referencia. Agradecemos su presencia en estas modestas páginas de CRESOL. Colaboramos también con esta entrevista al objetivo de la formación permanente del clero que está desarrollando la diócesis.
SOBRE LA TEOLOGÍA
- Pr. D. Ángel Cordovilla, ¿cuál es el trabajo más urgente que tiene la teología, en estos momentos, en la España de hoy?
Hay siempre dos tareas que son esenciales: mantener el rigor y la creatividad dentro de la investigación científica propia; y estar atenta a la vida de la Iglesia y de la sociedad, en un diálogo de doble sentido: de la vida a la teología y de la teología a la vida. Aunque pueda parecer un tópico creo que son las dos tareas esenciales. Hay una fuerte tentación a abandonar la “ciencia teológica” por una “adecuada formación y preparación para un oficio”, así como a dejar a la teología encerrada en su propio horizonte fuera de la vida de la Iglesia y de la sociedad. Frente a ello, rigor y apertura; seriedad y diálogo; humildad y sensibilidad.
- Hay quien afirma que estamos demasiado acostumbrados a una teología cómoda y segura; es decir, más o menos a repetir lo que otros han dicho. ¿Qué significa eso de que la teología nos invita a ir más allá?
En cuanto que la teología tiene como único “objeto” la realidad de Dios y todo aquello que es visto a su luz y amparo, la teología ha de ser siempre una invitación al hombre a pensar cualquier realidad o hacerse cualquier pregunta siempre “más allá”, en el exceso, en la frontera. Heidegger decía que una filosofía cristiana era imposible, pues mientras que la filosofía es siempre pregunta, el cristianismo parte de una respuesta. La teología y la fe cristiana partiendo de una respuesta (revelación), al ser ésta de tal calibre y hondura, hace que todo tenga que ser comprendido en un ámbito más amplio, más grande, más abierto, más allá.
- ¿En que sentido la teología ha de ser crítica y superadora de la tradición anterior?
La teología es siempre pensar; es logos sobre Dios y requiere un uso de la razón, y en este sentido es siempre crítica con lo que le precede y con aquello que se le da como realidad para ser pensada. No lo acepta ni lo repite nunca sin más. No lo cree sin más, sino que es una aceptación en el ejercicio pleno de la libertad, voluntad y razón personal a la altura de la conciencia contemporánea. La palabra crítica aquí no puede utilizarse en el sentido vulgar de “criticar” una cosa, sino en el sentido filosófico, que será popularizado por Kant y la Ilustración. Este ejercicio crítico tiene que ver ante todo con la búsqueda del sentido original de una idea o de una afirmación teológica; su historia particular en su evolución y la capacidad para ser significativo y relevante en el presente. En mi opinión, en este orden ha de hablarse de superación de una tradición anterior. No para quebrarla, sino para entenderla mejor en relación con el origen normativo (Jesucristo), su evolución posterior (tradición) y su capacidad para decir la realidad de la que habla para el hombre de hoy (contemporaneidad).
- ¿Cómo es posible mostrar, de forma audaz y valiente, con la mejor teología cristiana
–aquí y ahora– que Cristo nos ha dado la más plena medida de lo humano?
Cuando el Concilio dijo esta afirmación fundamental en la Constitución Pastoral Gaudium
et Spes lo mostró expresando que Cristo otorgaba una respuesta plena al misterio que el hombre es para sí mismo; concretándolo en la cuestión de su dignidad inalienable, la libertad, la conciencia, el pecado, la enfermedad y la muerte, de su única y singular vocación divina. Hoy tenemos que ser capaces de volver a mostrar esta relación con las nuevas preguntas que el hombre se hace, o quizá, ser capaces de que el hombre se interrogue por las preguntas esenciales de la vida humana, que hoy no serán muy distintas de las que he mencionado más arriba.
- ¿Cuál es el mensaje teológico, simple y directo, que conecta con los retos, las preguntas y los desafíos del hombre de hoy?
Aquella teología que tenga capacidad de estar arraigada en el Evangelio de Dios y en la cultura de los hombres. Cuál en concreto, es difícil saberlo. No obstante, la teología no es directamente el mensaje cristiano y nunca podrá ser simple y directa. La predicación y anuncio del Evangelio sí, pero la teología es muchas veces compleja, incluso su labor es mostrar la complejidad de los problemas y de las cuestiones planteadas.
- Sólo el amor es digno de fe (Hans Urs von Balthasar), “sin parapetos ni fortificaciones ante el mundo” expresa Ud.. ¡Bellos mensajes! ¿Dónde concretar lo específicamente cristiano del cristianismo? ¿Quiénes nos están esperando?
Lo cristiano del Cristianismo es la persona de Cristo. Ser cristiano es ser en Cristo. Esta es siempre la esencia del Cristianismo. Hacer esto verdad en la existencia personal en el contexto concreto que nos toca vivir es lo esencial de la vida cristiana. Y siempre nos espera el ancho y vasto mundo. No hay nunca otro destinatario. Hemos sido llamados a llevar el Evangelio a toda la creación. Y si estamos convencidos de que este evangelio es Buena Noticia para los hombres, siempre habrá destinatarios que nos estén esperando, de una forma más o menos explícita o de una forma más escondida.
- ¿Le resulta fácil formular su experiencia como teólogo católico?
En realidad ser teólogo es un cristiano que piensa su fe personal, que es la fe de la Iglesia testimoniada en la Escritura y atestiguada en la Tradición. Y esto lo hace en la cultura y en el tiempo que le toca vivir. Ni más ni menos. En mi biografía personal, antes que pasión por la teología, tuve pasión por Jesús de Nazaret y por el servicio a los demás. Desde aquí me sentí llamado a la vida sacerdotal y ahora desde esta misma pasión entiendo mi tarea como profesor de teología.
- En la conferencia que Ud. impartió recientemente en el Centro Arrupe de Valencia expuso sobre como saber leer y descifrar los escenarios de la cultura a partir de los Lineamenta para el próximo Sínodo de Obispos. ¿Nos explica el meollo de la cuestión?
En mi exposición quise mostrar la importancia que tiene que la Iglesia ha entendido que el lugar fundamental de la evangelización es la cultura, el escenario cultural de fondo que a todos nos condiciona como obstáculo y vehículo del evangelio. Después hice un esfuerzo por presentar el nuevo tiempo que nos toca vivir, en el que se nos revela hoy en todo su drama la ruptura entre Evangelio y cultura, expresada tanto en la profunda secularización que vivimos como en el peligro y amenaza del fundamentalismo (secularización, relativismo, cultura de la imagen y renacimiento religioso). Mi intención era detectar este momento, no para lamentarnos, sino como un tiempo oportuno y un desafío, para que los cristianos sepamos leer y descifrar los nuevos lugares de evangelización, para así poderlos habitar y trasformar. Hice una lectura crítica, pero no para condenarla, sino para poder ver en ella tanto los peligros como los nuevos desafíos y posibilidades que plantea.
- ¿Por qué cuesta tanto evangelizar el escenario de la cultura en Occidente? 
Es una pregunta difícil de contestar de forma sucinta. Me atrevería a señalar dos razones: La primera, porque la conciencia última de Occidente se ha gestado en confrontación con el Evangelio y su mensajera que es la Iglesia. El siglo XIX y especialmente el siglo XIX inoculó en la conciencia general que para ser plenamente hombre había que abandonar el Evangelio tal y como había sido corporeizado en la tradición anterior (nunca hay un evangelio puro); La segunda por cansancio del testimonio y falta de audacia en el anuncio del Evangelio que realizamos los cristianos de Occidente, especialmente los europeos.
- Ser sacerdotes en la cultura actual no es fácil. Nunca ha sido fácil… ¿Qué iluminación es la que necesita actualmente el hombre sacerdote?
En una reflexión que realicé (porque me la pidieron) con ese título intenté mostrar que las dificultades que experimenta el hombre postmoderno de hoy son las mismas que experimenta el sacerdote en su “realización existencial” como presbítero. Él no es una excepción, sino que el sacerdote vive desde una vocación específica la vocación que todo ser humano es. Más aún, en la fragilidad existencial que experimenta especialmente en la cultura postmoderna actual y en la tensión absoluta en la que le toca vivir ciertas dimensiones de lo humano (cuerpo-espíritu; varón-mujer; mundo-Dios), pues mostrar a otros hombres qué elementos específicos hay que cuidar para llegar a ser plenamente hombre.
- Ante el 50º aniversario de la convocatoria del Concilio Vaticano II, ¿hasta qué punto ha de seguir preocupando a los teólogos una interpretación de la teología del Concilio que sea recta?
Un teólogo siempre quiere ajustar su pensamiento a la verdad, en este sentido entiendo la expresión “interpretación recta”. Cuando uno quiere saber cuál fue la doctrina eclesiológica expuesta en la Constitución Lumen Gentium, la antropología de la Gaudium et Spes, la teología de la revelación de la Dei Verbum o los principios fundamentales de la liturgia de la Sacrosanctum Concilium. Y para eso hay que interpretar los textos, conocer el contexto histórico, estudiar las Actas del Concilio, conocer los diarios personales de sus
protagonistas, etc. Es siempre un paso absolutamente necesario, para no hacer decir al Concilio cosas que no dice. A partir de ahí, se puede intentar realizar la actualización necesaria de esa doctrina, pues como todo lo que el hombre hace o dice requiere ser nuevamente pensado, dicho y realizado desde perspectivas nuevas que antes no tenía.
- ¿En la línea de la "hermenéutica de la continuidad" que impulsa Benedicto XVI, hay novedades conciliares que todavía pueden comportar decisiones históricas imprevisibles, vistos los cambios en las condiciones históricas y sociales?
La recepción de un Concilio es siempre una historia abierta. Lo ha sido en la historia de los Concilios Ecuménicos y quizá más que nunca en la historia de este último. La hermenéutica de la continuidad no significa repetición monótona de lo ya sabido, sino el arraigo del Vaticano II en la tradición de la Iglesia, mostrando que este Concilio no constituye el inició de la Iglesia nueva, sino el origen de una Iglesia renovada en la modernidad. Todavía hay mucha doctrina del Vaticano II que tenemos que vivir con más profundidad y los nuevos tiempos que vivimos nos ayudarán a verlo con más claridad y a vivirlo con mayor autenticidad.
- ¿La falta de libertad está afectando actualmente a algunos de los teólogos católicos? ¿Hay miedo a la libertad en la Iglesia? ¿Hay que avivar los espacios legítimos para libertad teológica?
No. Creo que no podemos confundir determinados grupos de presión que se dicen eclesiales y que quieren ser los guardianes celosos de la ortodoxia con la Iglesia, tanto en su jerarquía como en los fieles laicos. Todos tenemos esclavitudes que nos atan y un cierto miedo a la libertad que Cristo nos da en su Espíritu. Igual que toda institución, incluida la Iglesia, tiene siempre una cierta precaución hacia lo nuevo. Para eso tiene que estar vigilante y sí, estoy de acuerdo en que también por ello hay que avivar los espacios legítimos para la libertad, el diálogo y la creatividad teológica. Una Iglesia sin libertad estaría muerta.
- Desde Alemania y en alemán, 144 teólogos (algunos de renombre) piden al Papa alemán, Benedicto XVI, un cambio de rumbo radical en el timón de la Iglesia católica. ¿Necesitamos una Iglesia más abierta, dialogante y samaritana?
Es evidente que la Iglesia está siempre llamada a ser samaritana. Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate nos lo recuerda. Es el único programa para la Iglesia. Sobre la apertura y el diálogo, recuerdo la gran encíclica de Pablo VI Ecclesiam suam. Bueno, con estos dos ejemplos quiero poner de relieve que esa búsqueda de apertura, diálogo y servicio para la Iglesia es algo en el que estamos todos. Ahora bien, las cosas concretas que cada uno pensamos que necesita la Iglesia eso es lo que es discutible. El texto al que hace referencia, que leí hace ya unos meses, me pareció correcto en la forma y el modo de expresarse. Con algunas cosas referidas a cambios de algunas estructuras eclesiásticas estoy de acuerdo y se puede discutir, con otras que afectan a la estructura esencial de la Iglesia, no lo estoy. Y menos aún con aquellos que se hicieron eco de este texto en España, pues lo “repitieron” sin los matices, el respeto y la elegancia que se encuentra en el texto alemán.
- Dice el teólogo católico José Arregi: "Están enterrando el espíritu renovador del Concilio, apelando a la letra del Concilio". ¿Qué opinión le merece esta afirmación?
No conozco el contexto en el que el autor que usted menciona hace estas afirmaciones. Ni sé quién es el “hipotético sujeto” de esa supuesta acción de enterramiento. Pero en cuanto a la expresión en sí misma, sólo puedo decir que el espíritu y la letra del Concilio no se contradicen. Ni puede esgrimirse una interpretación de la letra que vaya contra el espíritu, ni viceversa. Necesitamos ambas.
- La Iglesia acaba de hacer públicos doce milagros y reconoce numerosos martirios. Entre otros, 65 mártires españoles y una futura beata argentina. Hay quien piensa que estas actividades son fruto de paradigmas del pasado, anacrónicos, e incluso nocivos. ¿Por qué es importante hacer público esto ahora?
No soy yo quien para juzgar la pertinencia o no de la beatificación y canonización de los mártires españoles. Para mí, un mártir siempre es un ejemplo para mi propia vida cristiana. Y quizá estos mártires, como otros a lo largo de la historia, nos recuerdan el precio de la gracia, por decirlo con la expresión de Bonhoeffer. No es bueno mezclar cuestiones políticas en asuntos sagrados.
- ¿El teólogo D. José Antonio Pagola enseña algo contrario al dogma, o no insiste suficientemente en algunos aspectos del mismo en su libro “Jesús. Una aproximación histórica”?
No puedo juzgar esta obra pues no la he leído con detenimiento y profundidad. Al ojearla me quedó la impresión de que se trataba más bien de un libro “pastoral”, con pocas novedades exegéticas o dogmáticas de calado, que no fueran conocidas ya por otros estudios anteriores. Respecto a si enseña algo contrario al dogma o tienes aspectos insuficientes hay otras personas e instituciones eclesiales para decirlo. No obstante, hay una cuestión que a mí me llamó la atención cuando lo vi, repito que de una forma no muy detallada. El libro se presenta como “una aproximación histórica”, pero a mi me parece que en realidad hay algo más. Hay una propuesta determinada de fe en Jesús y de seguimiento eclesial. Y aquí es donde creo que al libro se le pueden hacer algunas preguntas en torno al método teológico.
- Macroeventos tales como la JMJ. ¿Son los nuevos signos de los tiempos en nuestra sociedad mediática y globalizada? ¿Excesiva preocupación por las cifras?
Efectivamente, debido a la globalización y a las posibilidades de comunicación universal, creo que estas jornadas se han convertido en un buen modo de evangelización y de presencia pública de la Iglesia en el mundo, especialmente en un ámbito en el que parece que la Iglesia está alejada: la juventud. Pero no pueden ser el único medio y no podemos fiarlo todo a estos grandes acontecimientos. Creo que la propia historia y maduración de los encuentros mundiales de la juventud va en esta perspectiva. Los acontecimientos extraordinarios si no están preparados y continuados por el camino normal de la vida cotidiana, están condenados al fracaso.
- La Nueva evangelización, ¿de qué forma habría de tomar las calles?
La iglesia ha de volver a estar presente de forma normal en el tejido de las sociedades urbanas. Hemos de aprender a volver a proponer el evangelio de Jesucristo desde la capacidad que este tiene de configurar la vida cotidiana de los hombres de nuestro tiempo. Volver a ser decisivos en el espacio y en el tiempo de las sociedades post-rurales y post-industriales. Nuestra forma de comprender el año litúrgico, la catequesis, la parroquia, la misión evangelizadora está arraigada en los inicios del siglo V. No hay que echar por la borda esta cultura milenaria, pero hay que tener audacia y creatividad para adecuarnos a los nuevos ritmos de vida y a los nuevos espacios vitales en los que viven la mayoría de hombres y mujeres de nuestro tiempo.
- ¿Pasión por los últimos en la jerarquía oficial española?
Si la memoria no me falla, creo que la Conferencia Episcopal Española ha destinado 5 o 6 millones de euros en los dos últimos años a Caritas española para que pueda ser más eficaz en su trabajo en medio de la crisis económica que padecemos. La Iglesia española en su conjunto, jerarquía y pueblo fiel, ha estado y está con los últimos.
- Mujeres teólogas preparadas,¿suficientemente tenidas en cuenta?
Gracias a Dios cada vez hay más mujeres que estudian teología y que se dedican profesionalmente a esta tarea. No obstante, el camino es largo y queda mucho trecho por andar, pues objetivamente llevan muchos siglos de retraso. En estos momentos conozco y colaboro con mujeres que tienen un nivel profesional para el ejercicio de la teología semejante al de otros profesores varones; ni más ni menos. Ahora bien, que una persona sea tenida en cuenta en la vida de la Iglesia y de la sociedad en la labor y el servicio que realiza tiene que ser acreditado por la calidad de su aportación, no por pertenecer a un grupo determinado y menos aún por ser varón o mujer. Lo importante es tener la posibilidad de desempeñar con verdad seriedad y rigor una tarea; lo demás se da por añadidura.
- Olegario González de Cardedal, Premio Ratzinger de teología, ¿por qué es considerado por algunos como paradigma teológico de libertad y de valentía?
Porque siempre ha hecho teología, ha pensado la fe en la sociedad y en la Iglesia, sin plegarse a ningún grupo espiritual ni ideológico determinado buscando ser fiel a la tarea encomendada sin mirar hacia otros lados. Ahora se le ha reconocido públicamente ese trabajo, pero su labor más importante siempre ha sido callada y en soledad; a veces, incomprendido; y muchas veces en “tierra de nadie”, más allá de las fáciles caracterizaciones de progresismo o conservadurismo en el que solemos caer al juzgar las ideas de los demás por una cierta pereza intelectual.
- ¿Es Torres Queiruga un teólogo católico de calado y de nivel. “De los pocos que, desde España, son capaces de repensar la fe”?
Eso lo dirá el tiempo y la historia. Es bueno recordar que autores muy leídos en un determinado momento, cuando han pasado los años, han dejado de existir y su obra se ha quedado anclada en el tiempo como expresión de un intento de actualización de la doctrina cristiana con la cultura circundante. Nada más. Pasado ese horizonte concreto, su pensamiento no ha tenido capacidad de romper esa “frontera temporal”. Esa fue su gloria y su límite. ¿Por qué, por el contrario, a pesar del tiempo transcurrido y de que también están históricamente situados, seguimos vibrando cuando leemos páginas de la teología de Ireneo, de Agustín, de Anselmo, de Bernardo, de Tomás, de Buenaventura, de Lutero, de Schleiermacher, de Newman, de Barth, de Rahner, de Balthasar, de Congar, de De Lubac… Respecto a autores más cercanos en el tiempo, todavía no tenemos tiempo para juzgar la grandeza y validez de los proyectos actuales.
- “Nuestra Iglesia, no se deja reformar” (Hasenhüttl) ¿Qué es lo que más necesita? Sin duda que la santidad, pero ¿también necesita democratizarse? (Torres Queiruga).
A la naturaleza de la Iglesia le pertenece la necesidad de su reforma y purificación. Y esto no sólo lo ha dicho el Concilio Vaticano II y los sucesivos Sínodos realizados desde entonces, sea por espacios geográficos, por carismas o tareas fundamentales de la Iglesia, sino que ha sido siempre un anhelo y un deseo perseguido por cada uno de sus miembros y por la cabeza de ella. “Ecclesia semper reformanda”. La “democratización” puede ser pensada para muchos de sus aspectos concretos, para algunos de sus modos de proceder, pero nunca para su naturaleza fundamental. Pero no porque sea absolutista, sino porque es “communio”, misterio de comunión a imagen y en virtud de la Trinidad, en todos los niveles que esta comunión comporta, incluida la jerárquica. Ahora bien, sabemos por historia de la Iglesia y la historia personal de cada uno que la purificación siempre es costosa, pues lleva consigo el reconocimiento del pecado y la siempre ineludible y necesaria













